Para imitar el coro soberano
de sacras aves celestiales hecho,
entona en la capilla de su pecho
Jerónimo divino un canto humano.
Lleva el fuerte compás la diestra mano,
aunque le deja su rigor deshecho,
y queda todo el cielo satisfecho,
que agrada mucho a Dios el canto llano.
Queda en cantar Jerónimo tan diestro
el salmo de este canto, que ha tenido
en alta admiración los cielos juntos.
Dando, para más gloria del maestro,
el contrapunto amor, Dios el oído,
los golpes líneas, y la sangre puntos.