Merezca yo de tus graciosos ojos,
que de los míos, dulce Thyrsi, creas
aquestas puras lágrimas, y seas
templado en el rigor de tus enojos.
La arena y hierba en áspides y abrojos
se me convierta, cuando tú me veas
mis plantas ocupar en obras feas,
o por necesidad, o por antojos.
Fálteme el bien, y el mal me venga junto,
si en el mudar mi firme pensamiento,
engaño contra ti mi pecho fragua.
Esto juraba Alcida, Thyrsi al punto,
hizo de aquella fe testigo al viento,
y escribió las palabras en el agua.