Con ser Cristo de Dios la fortaleza,
rindió las llaves, Pedro, a vuestra mano,
Alcalde de su alcázar soberano
os constituye por mayor grandeza.
Que si mostrastes al entrar flaqueza
en casa del Pontífice titano,
por eso en fe de Capitán Romano,
donde puso los pies, dais la cabeza.
Lágrimas, bien podéis tener consuelo,
que hasta el pecho de Dios hallaréis puerta,
pues por llorar le dieron la del cielo.
Y que padece fuerza es cosa cierta,
pues parece que quiere desde el suelo,
a fuerza de los pies dejarla abierta.