Como suele correr desnudo atleta
en la arena marcial al palio opuesto,
con la imaginación tocando el puesto,
tal sigue a Dafne el fúlgido planeta.
Quitósele al coturno la soleta,
y viéndose alcanzar, turbo el incesto,
vuelto en laurel su hermoso cuerpo honesto,
corona al capitán, premio al poeta.
Si corres como Dafne, y mis fortunas
corren también a su esperanza vana,
en seguirte anhelantes e importunas,
¿cuándo serás laurel, dulce tirana?
Que no te quiero yo para aceitunas,
sino para mi frente, hermosa Juana.