La rosa primitiva, que del velo
mortal cubriose al punto de nacida;
las que vieron de púrpura encendida
niebla feraz, las cumbres del Carmelo:
cuántas el temple en su florido suelo,
en Pafo y Chipre Amor, Paris en Ida,
o ardiente sol les abrevió la vida,
o la clemencia marchitó del hielo.
Rosa de Jericó, Tú sola fuiste
perpetua, intacta, limpia, siempre entera,
aun antes que la aurora, en que naciste;
que el hielo de la noche no pudiera,
como no pudo, aunque las otras viste,
tocar al radio de tu blanca esfera.