Duerme seguro el Nazareno fuerte,
que lo estuviera más donde destila
rabia Caribdis y veneno Scyla,
en los hermosos brazos de su muerte.
A tanta confianza se convierte,
y a tanto amor, en Átropos Dalila,
la estambre coge y el acero afila,
porque sin fuerzas a morir despierte.
Ningún traidor asir con más ejemplo
a la ocasión por el cabello pudo,
y aunque llegó de su venganza el día.
No el templo a él, mas él sepulta el templo,
muere dos veces ciego y dice mudo:
¿Qué espera el hombre, que en mujer se fía?