Extraños aunque nobles pensamientos,
¿qué pretendéis de un hombre enamorado
que la prenda que adora lleva al lado
y por testigos árboles y vientos?
¿Qué mares? ¿Qué montañas? ¿Qué cimientos
de fuertes muros? ¿Qué escuadrón armado
os impide llegar? ¿Qué puerto helado?
¿Qué guerra de contrarios elementos?
¡Cielos! no soy Hipólito con Fedra;
legítimos parecen mis empleos;
no me hagáis muro de tan verde hiedra.
Amor, fortuna, tiempo, deteneos,
que, aunque español, soy hombre, no soy piedra.
Quitadme la ocasión o los deseos.