De la beldad divina incomprensible
a las mentes Angélicas desciende
la pura luz, que desde allí transciende
el alma de este punto indivisible.
A la materia corporal visible
da vida y movimiento, el sol enciende,
conserva el fuego, el aire, el fuego extiende,
la tierra viste amena y apacible.
Enseña nuestro humano entendimiento
de un grado en otro a contemplar la cumbre,
de donde viene tanta gloria al suelo.
Y entre los ecos de tu claro acento
halla mi honesto amor tan alta lumbre,
que en oyendo tu voz, penetra el cielo.