Yace entre estos pirámides marchitos,
sirviéndole sus hojas de mortaja
y su pimpollo de funesta caja
con dos elogios a su muerte escritos.
Así, pálidos ya verdes distritos,
la grave pompa de sus hojas baja,
la bella Rosa, a quien el tiempo ultraja
soberbias, que hasta en flores son delitos.
¡Ay ciego error, que la hermosura adoras,
naciendo cada día desengaños
tan fáciles del término que ignoras!
¡Ay loca juventud, cuyos engaños
presumen ciegos al volar las horas,
vencer los tiempos y parar los años!