Cortada en un cristal en agua pura
tenía el verde pie Rosa encarnada,
y aun presumía, con estar cortada,
en fe de ajeno humor firme hermosura.
Mas desmayose, cuando más segura,
y cayendo en su margen desmayada,
ofendió con el agua inficionada:
así el deleite de los ojos dura.
¡En qué breves espacios interrompe
de su beldad la juventud lozana,
quien como flores edificios rompe!
Mostrando, o Rosa, de tu pompa vana
el agua que en el vidrio se corrompe,
el fin que tiene la belleza humana.