Hermosa Virgen, cuando el tempo santo
de Salomón se edificó, ni oído
golpe tocó, ni fue jamás sentido,
que la posteridad cubrió de espanto.
Ni se trocó su religioso manto
por guerra alguna en el marcial vestido,
ni al pacífico trono esclarecido
humanas armas se atrevieron tanto.
Vos pues, cuando en el claustro soberano
de vuestra madre, o Reina, previniste
a Dios el templo que labró su mano.
Libre del golpe de la culpa fuiste,
ni contra vos se levantó tirano,
que desde que él lo dijo, le venciste.