Robada Elisa del feroz Conrado
llora casada con marido injusto,
porque no puede ser forzado el gusto,
que lo deja de ser siendo forzado.
Entra de mil laureles coronado
a Armenia y Lycia Federico Augusto,
y cuando cumple el voto santo y justo
le ahoga el Cydno en su cristal bañado.
Hace su hijo sus exequias: viene
a pedirle Almerico que prosiga,
pero la fiera peste le detiene.
Crece al furia, y a volver le obliga,
que cuando el hombre a Dios airado tiene,
cuando está más seguro le castiga.