Al hijo de la mirra, al Verbo santo,
que en la niñez del mundo en lo primero,
dio incienso en ara el humo de un cordero;
causa de la primera sangre y llanto.
Al sol del oro autor no causa espanto,
que tres reyes del Árabe hemisferio,
den mirra, incienso y oro, culto y fuero
de un rey, Dios hombre, que se humilla tanto.
De la misma Sabá Nicaula bella,
sabia por sabio a Salomón traía
dones y enigmas, fama fue, no estrella.
Hoy, Reyes, a mayor sabiduría
traéis presentes, y guiados de ella
halláis la enigma en brazos de MARÍA.