Con los deseos de Raquel servía
un nieto de Abrahán a un suegro airado,
llevando su esperanza y su ganado
de un año en otro, y de uno en otro día.
Deseaba a Raquel, que hablaba y vía,
tan contento del mal de su cuidado,
que de la posesión de Lía cansado,
más que el amor le atormentaba Lía.
Tan corto premio del engaño arguye,
que aunque puede mentir la confianza,
más estima Jacob el bien que huye.
Y lo que espera, más que lo que alcanza,
que la engañosa posesión destruye
lo que entretiene el bien en esperanza.