Envuelto el cielo en confusión oscura,
lloviendo mares de su brazo airado,
Dios, que basta decir Dios, enojado
y que le ofende ya su misma hechura.
Dura el enojo y el castigo dura,
la luz está escondida, el Sol turbado,
y el hombre por los montes anegado
aumenta con llorar su desventura.
Para el Arca en Armenia, el arco asoma
coronado de paz y de alegría;
por la oriental ventana el ramo toma
de verde oliva, en que la paz venía,
Noé de aquella cándida paloma,
y el mundo de los labios de María.