Miró Dios soberano la pureza
del corazón de Abel, y el suyo aplica
al ara, en que el cordero sacrifica,
que de su aprisco fue la mejor pieza.
Caín armado el rostro de fiereza,
en vez de altar malicias edifica,
y la muerte en la envidia que publica,
asomó por el mundo la cabeza.
Hasta que la inocente sangre vierte,
la virtud de su hermano le fastidia;
¡ay dura envidia, poderosa y fuerte!
¿Mas qué se espanta, quien con ella lidia,
si la primera espada de la muerte
se tomó de las manos de la envidia?