Lloved nubes al justo, aquel Eterno,
cuya generación ninguno cuenta,
y en tierra virgen de milicia exenta
prodúzcale una flor, pimpollo tierno.
Llorad, cielo, el Verbo, que ab eterno
se engendra en Dios, y vive y se alimenta,
por bien del hombre, y para eterna afrenta
del envidioso Rey del lago Averno.
Baje la luz y gloria de las gentes
al limbo oscuro a reparar sus daños,
tras tantos siglos de la vida ausentes.
Y adviertan nuestros frágiles engaños,
lo que enojan a Dios desobedientes,
pues lo estuvo de Adán cuatro mil años.