La Esposa enferma, de su amor quejosa,
manzanas pide por remedio y flores,
y el alma con dulcísimos amores
en lo que ha de pedir está dudosa.
La enfermedad, no sólo peligrosa
de Eva, sino de tantos sucesores,
a las manzanas mira, y por mejores
juzga las flores que pidió la Esposa.
Dos Evas tuvo el mundo: la primera
pidió manzanas, flores la segunda
de la Vara que alzó del mundo el luto.
Virgen, en vuestro Fruto el alma espera:
Cristo es el fruto, y de esa Flor redunda:
sin Cristo no hay salud, sin flor no hay fruto.