De la salutación que el ángel santo
os hizo, tan suave y amorosa,
procedió la salud, Virgen hermosa,
que nuestra enfermedad remedió tanto.
Para hacer un compuesto sacrosanto
púsose el ave en la virgínea Rosa,
hipostática unión maravillosa,
del hombre gloria y del infierno espanto.
Bálsamo de la rosa y azucena,
agua pura de zarza sin espina,
nuestro veneno original deshace.
Sois de salud, como de gracia, llena,
débese a Vos la humana y la divina,
pues Dios es la salud, y de Vos nace.