Este cordero humilde, o niño bello,
o cordero más puro y soberano,
como el de Isaac, quisiera de mi mano
dar en lugar de tu inocente cuello.
Y aunque es cedros al Líbano, ofrecello
a la inocencia de tu velo humano,
admite el don de un rústico villano,
Phaethonte ya del sol de tu cabello.
Yo no te puedo dar lienzos sutiles,
brocados Persas de Real decoro,
ni aromas en cristales y marfiles.
La voluntad es el mayor tesoro,
por que con ella en los presentes viles
de amante es el amor y el alma es oro.