Sin fuego, sin paredes, sin tapiz
yace entre pajas quien nos dio la paz,
y hoy juega con el hombre taz a taz,
cubierto Dios con el mortal matiz.
En mimbres, como jaula de perdiz,
con llanto llama al hombre montaraz,
y porque tiemble de la humana faz
a Leviatán enfrena la nariz;
Rut tiene a Obed, el hijo de Booz,
y pues le ha de moler en almirez,
bien se puede vestir negro capuz.
Ya no dará, como otras veces coz,
al alma pieza negra en su ajedrez,
ni será de mis yerros avestruz.