Del árbol Angelín incorruptible,
de tersa plata y de cristal lustroso,
de oliva de Sethín y de oloroso
Cedro del monte Líbano apacible.
De las piedras de luz inaccesible,
del parto de la tierra más hermoso,
del mismo sol en guarnecer dichoso
al que hasta ahora se mostró invisible.
Caja hiciera a Jesús mi humilde celo;
¿mas cómo busca la ignorancia mía
árboles aromáticos del suelo?
¿Oro, plata, cristal, piedras, sol, día,
si la tiene mejor que el mismo cielo,
en las puras entrañas de MARÍA?