Belardo, que a mi tierra hayáis venido,
y a ser uno también de mis pastores,
grande ventura fue de mis amores,
pues no los cubrirá tiempo ni olvido.
Mis penas sé que habéis encarecido,
pero corto quedáis, que son mayores;
bien es verdad que las hará menores
la causa, por quien yo las he sufrido.
No compiten las voces desconformes
del Sátiro con vos, ni sin aviso
juzgue Midas el canto dulce sólo.
Tajo os escuche, y mi famoso Tormes,
a Apolo llaman el pastor de Anfiso;
si soy Anfiso yo, vos sois mi Apolo.