Deja el pincel, rosada y blanca Aurora,
con que matizas el oscuro cielo
sobre el bosquejo, que en su negro velo
pintó la noche del silencio aurora.
Huya la luz que las molduras dora
de los países que descubre el suelo,
no quiebre al campo el cristalino hielo,
de que ha cubierto sus tapetes Flora.
Detente sol, tu resplandor no prive
de sus engaños a mi fantasía,
pues que del sueño tanto bien recibe.
Huye que ver la desventura mía,
que a quien en noches de tristeza vive,
¿de qué le sirve que amanezca el día?