Pastor divino, Soberano, Eterno,
que en altas asperezas y montañas
por tus ovejas rompes las entrañas
abrasadas de amor, y amor paterno.
Tú que el hermoso, regalado y tierno,
precioso cuerpo de tu sangre bañas,
y en una cruz nos muestras las hazañas,
de quien se admiran cielo, tierra, infierno.
Hurtome un labrador, gocé su pasto;
mas ya que vuelvo a ti, dame acogida,
soberano Pastor, Cordero casto.
Pues de tu sangre, que por mí vertida
resplandece en tus aras y holocausto
traigo la marca de la eterna vida.