Cuando voy a tu cruz para valerme,
allí siento que puedes condenarme,
pues donde mueres tú para obligarme,
para vivir intento socorrerte.
Pero también te obliga a no perderme,
que por ella quisiste remediarme,
que no es el tribunal de castigarme
el altar donde vengo a defenderme.
Justo temor solicitar me esfuerza
tus manos de tus clavos desasidas,
pues hay piedad que tu sentencia tuerza.
Si allí castigas culpas cometidas,
herir podrás, pero con menos fuerza
para no lastimarte las heridas.