¡Gran cosa un rey: de sólo Dios depende!
El corazón del rey está en las manos
de Dios, y en vano y con juicios vanos
presume el hombre que él de Dios entiende.
El sol tal vez calienta y tal ofende;
mas siempre es vida y luz a los humanos,
que en los valles, los montes, selvas, llanos,
flores y frutos, la corona extiende.
Si el rey es sol, y en su virtud no hay falta,
pues Dios quiere que el hombre rey le nombre,
con atributo su grandeza exalta.
Sirva a su rey, después de Dios, el hombre;
que si no fuera rey cosa tan alta,
no le tomara Dios para su nombre.