Amó la hermosa reina del Egipto
un caballo veloz, con que tuvieron
infamias las hazañas que pudieron
dejar su nombre en bronce eterno escrito.
Pasife, un toro amó, con infinito
deshonor, que las fábulas le dieron,
no porque fue verdad, pero quisieron
decir que amar indignos es delito.
Yo amé, yo erré, ¡Qué error tan disculpado
el de quererte yo, Carlos!, pues eres
del cielo copia, del amor traslado.
Tú me disculpas de mi error, si quieres;
que amar lo que merece ser amado
hace menor el yerro en las mujeres.