Hermosos ojos, rayos habéis sido
en la presteza con que habéis llegado,
y el alma con el fuego penetrado,
dejando sano el exterior vestido.
Si las almas se hubieran conocido
por opinión gentil, fuera un traslado
de Ero y Leandro el amoroso estado,
dulce prisión donde me habéis traído.
No alejas General, Felipe, ni andes,
Marte, abrasando con tu guerra el suelo,
ni soldados marchar, Enríquez, mandes.
Tu empresa justa favorece el cielo,
pues viene un Sol de España ser en Flandes
incendio vivo de tu eterno hielo.