Cual sube el sentenciado la escalera
mudando el pie de plomo y la torcida
cuerda, lleva delante el homicida,
que, aunque le ayuda, al fin matarle espera
y a cada paso mira la postrera
señal que no podrá pasar la vida,
y dilatando en vano la subida
al paso que dejó volver quisiera;
así voy yo, que dilatar no pude
estos pasos que doy, ni remediarme,
por más despacio que las plantas mude.
Cuando el temor comienza a desmayarme
¿qué importa que a subir amor me ayude
pues me ayuda a subir para matarme?