Primero que mi amor, Celia divina,
olvide obligaciones tan notables,
los polos de los cielos, variables,
vendrán al suelo con fatal ruina.
Primero el mar, adonde el sol declina,
le verá amanecer, y sus mudables
ondas sin movimiento favorables
al pecho que romperlas determina.
Primero se verá roto y deshecho
el primer movimiento en que está asida
la ardiente esfera del supremo techo,
y de tinieblas se verá vestida,
que dejes tú de ser alma en mi pecho,
luz en mis ojos y en mi aliento vida.