Primero, mi Lisardo, habrá firmeza
en la mudable rueda de fortuna,
y no se quejarán de envidia alguna
la virtud, el ingenio y la nobleza.
No tendrá lisonjeros la grandeza,
ni la vida mortal muerte ninguna;
no pedirá su luz al sol la luna,
ni será desdichada la belleza.
Primero se verá que se concluya
mi amor inmenso, el monte más pequeño
al Imperio arrimar la frente suya,
y el agravio tendrá seguro sueño,
que deje yo de ser esclava tuya
ni tengan estos ojos otro dueño.