Permíteme, hermosura, que te nombre
del cielo bien, aunque por mal del suelo;
no sé si es tu materia fuego o hielo,
a si de entrambos te daré renombre.
No hay cosa que tan presto al hombre asombre
ni a su contemplación levante el vuelo,
que entre las muchas que produce el suelo,
belleza de mujer admira el hombre.
Parece que la estampa considera
naturaleza, y que la mano inclina
a la beldad que reducir quisiera;
y a poderse decir de la divina,
que le sobraron ángeles dijera,
que allí fue su hermosura peregrina.