Triste Reina de Nápoles, ¿qué estrella
a tanta desventura te ha traído?
¿Qué bien esperas de este bien perdido,
ni que esperanza de vivir sin ella?
Mas ¿qué no puede amor, qué no atropella
este fiero tirano del sentido,
que entrando en la razón desconocido,
después no da lugar a conocella?
No sé que espero, y tengo confianza,
soy piedra en el sufrir, y en aire estribo;
mi fe es sospecha, y lo imposible alcanza.
Y en tantos males sólo un bien recibo,
que yo pienso que estoy sin esperanza,
y debo de tenerla, pues que vivo.