Si fuera cierto aquel error pasado,
que nuestras almas de otros cuerpos eran,
creyera que amistad tenido hubieran
las nuestras antes que te hubiera hablado.
Pues sólo de una vez, Lisardo amado,
que mis ojos te vieron, no te vieran
lo que mil Alejandros no pudieran;
la vida, el alma y el honor te he dado.
En vano al viento doy vanas querellas,
pues de todo remedio desconfío
mientras vivas y estés tan lejos de ellas.
No pueden prevenir el daño mío,
que donde tienen fuerza las estrellas,
pocas veces resiste el albedrío.