¡O Palabras de Dios, cuánta ventaja
hicieron con sus puras elocuencias,
Herreras, Delgadillos y Florencias,
a la cultura que tu nombre ultraja!
Ya no eres fuego que del cielo baja,
más hielo a nuestras almas y conciencias,
después que metafóricas violencias
te venden como nieve envuelta en paja.
¿Quién dijera que Góngora y Elías,
al púlpito subieran como hermanos,
y predicaran bárbaras poesías?
Dejad, o padres, los conceptos vanos,
que Dios no ha menester filaterías,
sino celo en la voz, fuego en las manos.