Parece que estos pasos temerosos
me llevan siempre a ver mi incierta vida,
porque en una esperanza tan perdida,
los más seguros son más peligrosos.
¡Ay! ¡Si de ese jardín en los frondosos
árboles, que hacen sombra a mi homicida,
dejase yo, con la esperanza asida,
la causa de mis males amorosos!
Enmudecieran mis amargas quejas,
y saliera este amor de lo profundo
de mis locas entrañas abrasadas.
Y en estos troncos, en lugar de rejas,
dos Anaxartes contemplara el mundo,
y el infierno dos piedras castigadas.