Hurta los rayos al dorado hermano,
para vestirse de su luz, la luna;
sin mirar otra palma, de ninguna
cortó racimos de oro el africano.
Gime la tortolilla, y gime en vano,
cuando el esposo que murió importuna;
sin dueño no hay en monte fiera alguna,
ni vida alegre en el discurso humano.
De la suerte que al alma al cuerpo informa,
es como la primera inteligencia,
materia la mujer, el hombre forma.
Y tanto nos ampara su presencia,
y así su forma nuestro ser conforma,
que siendo éste traidor, siento su ausencia.