Hércules de Alcumena giganteo,
ganapán de la Grecia musculoso,
con la nudosa clava el escamoso
cuello deshizo del dragón lerneo.
Pero saliendo muchos, su trofeo
no pudo ser tan presto victorioso,
como en la muerte de mi amor celoso
nuevo principio nace a mi deseo.
No temo las desdichas conocidas;
que a sierpe que produce más cabezas
en daño propio se le dan heridas;
y mis desdichas son como cerezas,
que voy por una, y de una en otra asidas,
vuelvo con todo un plato de tristezas.