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1562–1635

- 1303 - Acto II, LUCRECIA

Lope de Vega

Dejó su dulce y regalada esposa, su querido Telémaco y su nido aquel astuto que volvió perdido de la venganza de la griega hermosa.

No quedó monstruo de la mar furiosa adonde no viviese detenido; ya le valió la lengua, ya el oído, ya la dulce retórica famosa.

Volvió, en efecto, y en el sacro templo colgó la ropa, Amor, que solo bastas a que tan grande fe y lealtad confirmes, dejándonos los dos tan alto ejemplo,

a las mujeres para ser muy castas y a los maridos para ser muy firmes.

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