Niño pequeño, que alcanzaba apenas
a verme en vuestras balsas, claras fuentes,
me vieron estas líquidas corrientes,
y ahora lleno de años y de penas.
En vuestras aguas nunca vi serenas,
que no sois mares, aunque estando ausentes
mis ojos de su luz, de mil ardientes
lágrimas vierten más copiosas venas.
Pero ya la tenéis, que mis enojos
de tal manera en sus peñascos tratan
que será mi barquilla sus despojos.
Fuentes, mi culpa fue si me maltratan,
que como os hice mares con mis ojos
criáis sirenas que cantando matan.