Amor, si entre las almas de los rudos
te huelgas de vivir y te autorizas
y en zamarros ceñidos con tomizas
de pechos zafios y de labios mudos.
Si frentes de villanos testarudos
de tus ricos trofeos entapizas
y en portales de casas tan pajizas
que cuelgan animales por escudos.
Si te huelgas, amor desatinado,
de la rústica cena de la olla,
del duro pan y el vino trasnochado,
diré que eres señor que de la polla
tierna de leche y la perdiz cansado
apetece la vaca y la cebolla.