¡Oh cintas verdes, por mi bien halladas,
si esperanza me dais del bien que os pido!
Mas, ¿cómo la tendrá quien ha perdido
aquel cabello donde os vio colgadas?
Porque ayudáis a la prisión atadas,
de cuyo laberinto de oro he sido
preso dos años dulcemente asido
en cadenas de amor de sus lazadas.
¿Qué me sirve teneros tan distintas
de los cabellos donde estáis, si en ellos
queda el alma en las hebras más sucintas?
Ausente lloraré sus lazos bellos,
pues para la ocasión así la cintas,
y dicen que ha de ser por los cabellos.