Quien a ninguno amó, cuanto podía,
tantas veces querer cuantas fue amada,
de un mico inútilmente enamorada
su fiereza por ídolo tenía.
Fatal llegó de dicho mico el día,
y ella de su desdicha lastimada,
la piel vellosa en pardo hollín tiznada
colgó llena de paja en su armería.
¡Qué hermoso salchichón, qué lindo empleo,
qué Adonis bello, o Capitán robusto,
sino el mismo retrato de Asmodeo!
Mas fue de no querer castigo justo,
que fuese un animal tan negro y feo,
el micocrosmos de su necio gusto.