Veinte veces el sol, lámpara hermosa
que alumbra el mundo por las líneas de oro,
vio desde el estrellado y blanco Toro
el Pez de plata en estación lluviosa,
mientras que por tan áspera y fragosa
montaña vivo y en sus peñas moro,
lejos del bien cuya memoria adoro,
sin culpa muerta y viva temerosa.
Mudome el tiempo y no mudó mis años,
que crecen, cuanto más crecen los días,
nacidos de un amor y mil engaños.
Y con saber que son vanas porfías,
mientras con más furos crecen mis daños,
se aumentan más las esperanzas mías.