¡Oh, noche, que por sendas mal formadas
huyendo vienes del ligero día,
que desde el indio, por incierta vía,
te sigue, las espaldas enlutadas!
Esconde tus estrellas argentadas
para que llegue a ver la prenda mía,
que de mi atrevimiento desconfía,
las luces de sus ojos adoradas.
Hoy, con tu negra máscara pretende
la hermosura encubrir, por quien suspira
el alma que en su puro rayo enciende.
Más tiene amor mi dicha por mentira;
que no basta que goce lo que entiende,
pues no goza del bien quien no le mira.