Atada a un risco Andrómeda lloraba,
de las ajenas culpas inocente,
y el mar, con blanca espuma, diligente,
quebrándose en las peñas, le ayudaba.
Entre su hondas cuevas voz formaba,
Conque los dos al cielo tristemente
favor pedían, cuyo mal presente
por los ojos del sol mirando estaba.
Bajó Perseo con igual deseo.
batiéndole las alas a Pegaso,
y diola libertad con presto vuelo.
Mas yo ¡cuitada! no hallaré a Perseo,
que me pueda sacar del mal que paso,
porque enojado amor y airado el cielo.