Flaco, amarillo, lánguido y sediento
tiene el enfermo ardiente calentura;
con vivas ansias su salud procura,
que es el último fin de su contento.
Con discursivo y alto entendimiento
el fisco de su mal la causa apura;
empieza luego la difícil cura
y en celeste favor logra su intento.
La enfermedad más fiera y detestable
si su maligna causa bien se explora,
entendida una vez será curable;
pero mi mal tan cruel que el alma llora
sin duda alguna es irremediable,
pues que la dulce causa de él se ignora.