Echaban los romanos a las fieras,
traídas de provincias diferentes,
tigres, leones, áspides, serpientes,
lobos, grifos, dragones y panteras,
los cautivos de guerras extranjeras
o los propios romanos delincuentes;
espectáculo bárbaro a las gentes,
por quien tembló la Scitia sus banderas.
De esta inclemencia la disculpa toma
cuando Su Majestad el mundo culpa,
que así el imperio los rebeldes doma;
pero arrojar una mujer sin culpa
a un marido cruel, no sólo en Roma,
mas no hallará entre bárbaros disculpa.