Andaba enamorada la pobreza
de la hidalguía, mujer flaca y loca,
tan tierna, que aunque fuera acero o roca
moviera con su llanto su dureza.
Nuestra madre común Naturaleza,
a quien juntar los semejantes toca,
con gran soberbia y con hacienda poca
casolas, por cumplir con su belleza.
Nació de la pobreza y la hidalguía
y de este matrimonio y consonancia
la dura necedad y la porfía;
que dándose a entender pueblos en Francia,
Guinea les dejó su fantasía
y el Rey de Babilonia su arrogancia.